Buscando espacios

23:37, 08/03,2009
Entre las muchas cosas que nos cuesta decidir en la vida podemos encontrar la cuestión del ritmo vital. Cada persona posee y mantiene uno en función de sus circunstancias y posibilidades. Y, muchos de ellos, sueñan siempre con uno que no poseen pero que, de algún modo, desean.

Dentro de este ritmo podemos encontrar la cuestión referente al espacio que podríamos denominar también vital; que podemos definir como el entorno que cada cual precisa para desarrollarse como persona. Ese lugar, exterior e interior, que buscamos consciente e inconscientemente para poder parar, desacansar, reflexionar y, de esta manera, poder retomar el camino.

Entre todos esos lugares que cada uno elige en función de sus gustos, prioridades, creencias... o un sin fin de razones se encuentran aquellos que de un modo especial están relacionados con la búsqueda de Dios, del Ser... de la Vida. Así pues, hay personas que alguna vez necesitan parar en una abadía, en monasterio que consiga embriagarlas de paz, de oraciones que se difuminan y se fusionan con el silencio, de cantos evanescentes sencillos que llegan a tocar el alma con cada nota. 

Estos espacios son, de algún modo, privilegiados. La atmosfera que rodean su historia y el momento presente invitan gratuitamente a parar el camino, a escuchar el silencio y a mirarse en el espejo del alma para ver cómo es nuestra vida y cómo nos gustaría que fuese. Qué es lo que estamos viviendo y qué es lo que relamente nos gustaría vivir. Son muchas las cuestiones que desde la quietud interior manan a la consciencia de un modo suave y dulce al mismo tiempo y que, en la medida que cuestiona lo que somos, se nos torna amargo, real y, por qué no, también esperanzador.

Es bueno aprovechar las oportunidades que se nos puedan presentar en la vida, porque son pocos los tiempos que el día a día nos brinda para ello. Ojalá dejemos que el corazón busque la fuente en donde el alma pueda saciar definitivamente su sed.


 

Más allá del encuentro

17:06, 07/28,2009

¡Qué difícil se hace a veces las despedidas! ¡Qué difícil dejar partir al otro sin miedo a que se pierda, a que uno lo pierda!

Hay ocasiones en las que la Vida tiene a bien bendecirte y te ofrece oportunidades de vivir la hermandad desde una dimensión que va más allá del trato cotidiano. Digamos que se presentan oportunidades en las que en lugar de hablar de lo que uno hace o a lo que uno de dedica invertimos más bien tiempo en hablar de nosotros mismos, de lo que somos, de cómo vivimos, de cómo sentimos... qué anhelamos. Son estos lo encuentros que se dilatan con dulzura haciendo que el corazón se abra. Estos son los instantes en las que las almas hablan mientras nuestros labios intentan decir con coherencia lo que pasa por el pensamiento. Pero al alma las palabras le son pobres, simplemente con sinceridad, con respeto, con mucha ternura pueden conectar, pueden generar un vínculo que va más allá del concepto amistad, familia, rollo, pareja o amor. Es el vínculo que realmente importa y el que te da el privilegio frente a la situcación.

Más allá del encuentro se tiende un puente que nos conecta y nos hace partícipes de la Vida. No de las situaciones con las que perdemos los papeles día a día, sino de todos esos instantes en los que hay algo en nosotros que se ensancha y nos regala destellos de felicidad. Ha sido esta, sin duda alguna, la experiencia que nos ha conectado en el trabajo que, dentro del SAT 1, hemos realizado durante diez días. Ha sido este el regalo que nos llevamos y que no nos deja indiferentes ante la realidad cotidiana en la que tenemos que seguir fluyendo.

 


 
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